... bajo el prisma de...

Anaïs Nin bajo el prisma de María Eugenia Meza Basaure *

HECHICERA, MANDRÁGORA, SERPIENTE EMPLUMADA… ESCRITORA DE FUEGO

Es difícil escribir sobre Anaïs. Más vale dejarla hablar.

Anaïs, la que se buscó dentro de sí misma, en las palabras, en el amor y en el sexo; en el diván del psicoanalista y en su cama.

Serpiente emplumada, cruce entre víbora y ave, según Antonin Artaud, Anaïs Nin vivió intensamente como ciudadana de Occidente, ya fuese en Estados Unidos, España o Francia; escribió sobre ella y, haciéndolo, expuso mejor que nadie, primero que ninguna, las profundidades del mundo femenino.

Era pequeña y menuda; inteligente, vivaz y sensual. Pasional y contradictoria. Antes de sus textos, las escritoras aludían tangencial, románticamente, al deseo, a la pasión y a su satisfacción. Anaïs, en cambio, se zambulló de cabeza en un mundo donde todo aquello danzaba al son de su cuerpo en llamas, de sus ideas, del debate, de la ebullición de la mente y del placer.

“Todo el misterio del placer en el cuerpo de una mujer, se debe a la intensidad de su pulso, justo antes del orgasmo. A veces, la pulsación es lenta, una, dos o tres palpitaciones que vierten por todo el cuerpo un licor de juego y hielo”.

Tuvo la ocurrencia de comenzar a escribir un diario de vida –en un principio cartas, luego resumen de vivencias y más cartas– cuando viajaba en barco desde Cuba a Estados Unidos, para contarle la travesía a su padre, el pianista Joaquín Nin, quien la abandonara junto a su madre –la cantante Rosa Culmell– y a su hermano menor, cuando tenía 10 años. Con el tiempo esos cuadernos se transformaron en su obra más conocida.

Gran parte de su existencia persiguió la imagen paterna perdida, ese amor primordial, al que reencontraría muchos años después y que la haría su amante.

“No hay padre en la tierra. Fuimos engañados por esa sombra de Dios padre proyectada sobre la tierra, una sombra más grande que el hombre. Adorarías y querrías tocar esa sombra, soñando día y noche en su calor, en su grandeza, soñando que te cubría y te acunaba, enorme, bastante grande para contener tu alma y todos tus terrores, más grande que un hombre y una mujer, que una iglesia y que una casa. La sombra del padre mágico que no puede ser hallado en parte alguna. Es la sombra de Dios padre”.

Buscó a ese dios padre en sus múltiples y abrasadores amores: Hugh Guiler, su marido-amante, fortaleza y mar calmo, adinerado banquero que la sostuvo y contuvo durante los fascinantes años de entreguerras y a lo largo de un extenso matrimonio; Henry Miller, el amigo, pasional, cómplice, compañero de pluma, hijo literario; Antonin Artaud, el atormentado artista que cuando la tocaba, la hacía sentir/escribir “como la mandrágora al roce de la mano humana, doy alaridos!”; June Miller, la sensual esposa de Henry, primera de las mujeres con las que se relacionó físicamente y emocionalmente; René Allendy, su original psicoanalista; Otto Rank, discípulo de Freud que la inició en el aprendizaje y práctica del psicoanálisis; Rupert Pole, segundo esposo y editor de las versiones no purgadas de sus diarios. Por solo nombrar sólo algunos.

Se dice que, más allá de sus diarios, empezó a su camino de creadora porque sentía que su vida era aburrida y leer a D.H. Lawrence le abrió la mente. De hecho, su primera publicación –D.H. Lawrence, un estudio no profesional (1930-32)– estuvo centrada en el autor inglés que revolucionó las letras y la sociedad inglesas con sus novelas.

Mucho de lo que se escribe de Anaïs se queda en la anécdota de sus idas y venidas entre la vida cómoda y burguesa con su marido en Louveciennes (Francia) y su otra y simultánea existencia, en la que juntaba las monedas con sus amigos escritores, en la bohemia parisina; o revive las temporadas alternadas en Nueva York, siempre con su esposo banquero, y en una modesta casa de guardabosque en las Montañas de San Gabriel (California) con su segundo y paralelo marido.

Esa pulsión de ruptura, de amor al sacrilegio, como escribió, la transformó en una nueva clase de hechicera, también en sus palabras, quien y no aceptó que “la vida”, es decir, lo que está fuera de nosotros, se interpusiera como obstáculo insalvable entre ella y sus deseos. Y todo eso lo transformó en una literatura salvaje y poética, violenta y amable a la vez, siempre hurgando en sus sensaciones, escarbando en sus razones y sentimientos, para dar cuenta de ello en palabras que se volvieron universales.

Los procesos de su existencia, expuestos en sus diarios, muestran la aceptación a la vez que la angustia frente a los cambios, leves o profundos, del ánimo y de la conducta; las contradicciones; los ríos internos. Las tensiones que la llevan a las consultas de los psicoanalistas René Allendy y de Otto Rank aparecen en sus diarios, cuentos y novelas y la develan como la diosa Kali, dueña de la creación y la destrucción.

Para ayudar a sus amigos les montó desde el desayuno hasta una editorial artesanal; gracias a ella el mundo pudo conocer sus obras. Pero fue mucho más que la benefactora, la madre imposible que los consolaba tanto existencialmente como de las pesadillas oníricas, de la ausencia de amor y de la falta de pan. Fue la creadora de universos, la inventora de relatos eróticos que, -a dólar la página- , escribía para un anónimo coleccionista.

Muestra, en sus diarios, su yo interno, sin tapujos, describiendo sus contradicciones, analizándolas y cuestionándolas.

“Hay en mi cabeza un centro de control, todo diamantino, pero, cuando examino mis emociones, veo que se disparan en direcciones diferentes. Hay una tensión de superactividad, de superexpansión, el deseo de alcanzar de nuevo la cima gozosa que alcanzo con Henry (…). ¿Cuántas intimidades hay en el mundo para una mujer como yo? ¿Soy una unidad? ¿Un monstruo? ¿Soy una mujer?”.

“Incluso cuando poseo todo, amor, devoción, pareja, Henry, Hugh, Allendy, me sigo sintiendo poseída por el gran demonio de la inquietud que me arrastra continuamente. Sigo precipitándome, voy a ser causa de sufrimiento, nadie puede encadenarme, soy una fuerza ciega y todo el día me siento empujada, empujada. Lleno páginas y más páginas febriles, rebosante de éxtasis, pero no es suficiente. Paseo arriba y abajo en el sótano. Tengo a Henry y aún tengo hambre, aún busco, aún cambio. No puedo dejar de cambiar”.

Y el acto sexual, el placer, deslumbran en sus palabras:

“Nos besamos, y aquel beso desató una oleada de deseo.Yo estaba inclinada sobre su cuerpo y sentí su deseo en mi pecho, duro y palpitante. Otro beso. Más terror que gozo. El gozo de algo innombrable y oscuro. Era bello, como un dios, y femenino, seductor y cincelado, duro y suave. Pasión intensa”.

“Extasiado su rostro, y yo frenética por el deseo de unirme con él… ondulándome, acariciándolo, pegada a su cuerpo. Su espasmo fue tremendo, con todo su ser. Se vació por entero dentro de mí… y mi entrega fue inmensa, con todo mi ser, sólo con aquel rincón de miedo que me impedía el supremo espasmo”.

Tremenda vida relatada en inmensas palabras que describen desde el proceso de la creación, al de la destrucción, como las terribles páginas que dedica al aborto del hijo concebido con Miller, a los seis meses de gestación.

“Quizá fui hecha para otra forma de creación, la naturaleza contribuyó a hacer de mí una mujer, en vez de una madre, para el hombre. Madre, no para los niños, sino para los hombres. La naturaleza hizo mi cuerpo para que pudiera amar a los hombres y no a los niños. Este hijo que era una conexión primitiva con la tierra, una prolongación de mí, se me negaba ahora como para señalar un destino que no estaba en otra parte”.

Para bien o para mal, palabras así no dejan indiferente. Pero, como dijo la escritora estadounidense Erica Jong, “sea adorada o detestada, lo importante es que sea leída”.
FUENTES:
Nin, Anaïs. Incesto. Diario no expurgado. 1932 – 1934, Emecé Editores, Buenos Aires, 1995.
Anaïs Nin a diario. Guadalupe Ángeles.
En: www.jornada.unam.mx/2002/06/02/sem-anais.html
Anaïs Nin: sexo o muerte. Armando de Armas.
En: http://bit.ly/2pWnZ7F

 

 

* María Eugenia Meza Basaure. Periodista y editora chilena. Trabajó en prensa escrita dedicada a temas de cultura y género, para luego comenzar a editar textos de ciencias sociales en instituciones internacionales, de gobierno y ONG y centros de estudios de mujeres. Este año ha vuelto a la cultura como Coordinadora de Difusión y Formación de la Cineteca Nacional de Chile.